Showing posts with label Ponce. Show all posts
Showing posts with label Ponce. Show all posts

Saturday, August 30, 2014

Un Pedazo de Pan de Recuerdos


Pan de Amor

Sentado bajo el sol de las diez de la mañana de la Ciudad Señorial, mientras preparaba la mezcla de un pequeño saco de cemento, para tapar unos huecos en el piso de la marquesina de su casa, se encontraba Don Juan.

Estabamos hablando de un tema relacionado con comida, super-mercados y precios. Y de momento lo noto exaltado, como medio enojón, fue mi impresión, y me le quedé mirando, con detenimiento, ya que me pareció raro su actitud y quería escuchar bien con que venía, lo hice con una sonrisa, y amor en mi corazón.

Quería estar segura de que escucharía de su boca, y estar en plena tranquilidad para no contestarle, o corregirle absolutamente nada, que a sus setenta y un años es merecedor de toda honra y respeto.

“Comida, ha, comida de eso puedo hablar yo.” dijo en tono como el que está a punto de regañar. Y hubo un silencio, pude notar que se subio a la nave de un recuerdo.

Fue un cambio drástico, puesto que estabamos hablando de un tema y pensé que iba a dar una especie de regaño, pues por la diferencia que ven las personas mayores de sus tiempos con los de ahora. Justo ahí, fue que cambió a una anecdota, como para enfatisar su punto, pero noté, que ya había volado lejos como si hubiese tenido la capacidad de haber llegado, en cuerpo y alma justo a su escenario recordado y del cual estaba a punto de compartirme.

Yo atenta, algo me decía que no le quitara los ojos de encima. Y noté una sonrisa que se comenzó a dibujar en su rostro, mientras el dejaba de mirar la mezcla de cemento y sus manos se detubieron. Su mirada se fue hacia otro lugar y escuché un “Ji” como de una carcajada suprimida y comenzó a contarme.

“Cuando nos ibamos de compra, era con un saco, tu sabes, un saco de esos” y busco mi mirada como para asegurarse que yo sabía lo que era un saco. Le asistí con mi cabeza y continuó; “mi papá, mis dos hermanos y yo nos ibamos a hacer la compra, en la Plaza del Mercado, y el ponía todo lo que comprabamos en el saco, pues porque eran bolsitos chiquitos, tu sabes, viandas y esas cosas.  Ese viejito mio si que era bien bueno, (un cariño nostálgico sentí del él) él se encargaba de nosotros, era el que nos compraba la comida y nos la cocinaba. Porque sabes, mi mamá era una enamorá y estaba pendiente a otras cosas.

Papi siempre se encargaba de nosotros. Y tomaba ese saco lleno de comida y se lo echaba en la espalda, bajo ese sol, y nosotros caminabamos a su lado.  Cuando llegaba a la casa, allá en el Barrio Sebonuco, por Rio Chiquito, por allá, nos cocinaba algo tan rico.” 

Me iba narrando mientras yo también me transporté a su pensamiento y tenía una película en mi mente, imaginandome a mi abuelo, a mi padre y a mis tios pequeños en un lugar humilde y cadeciente de muebles, y de lujos, pero me dió la impresión de que era un momento felíz de su vida. Es que el tono de voz y su rostro me lo decían todo. Yo más bién estaba maravillada, porque en tantos años, ha sido tan breve todo lo que me ha compartido. Eso si, siempre me ha dicho que su padre era bién bueno, que él lo quería mucho, y que aun le hace falta.

Aproveché a un breve silencio y le pregunte, ¿De tu padre fue que aprendiste a cocinar tan divinamente verdad? A lo cual me dijo, con una sonrisa enorgullecedora, es que no dejaba de sonreir; “sí, yo aprendí a cocinar con papi.” Me encantaba el modo en que mi viejito se refería a su padre como papi, con ese amor, así como yo le llamo a él, papi.

Yo estaba fascinada con la transformación que había tomado su rostro, con la alegría que me compartía algo de su niñez. Se veía tan hermoso éste anciano de cabellos blancos, sus espejuelos, su frente sudorosa, y esa alegría en sus palabras, que dicha ver a mi padre así.

Siguió en su relato, como si hubiese hallado en mí, ese alguien que le escuchara, le respetara y valorara su historia de un momento felíz, como si hubiesen sido muy escasos. Siguió narrandome sin perder el entusiamo como el locutor confiado y respaldado por su audiencia. Lo menos que se imaginaba él, que para mí era todo un honor, toda una bendición.

“Sabes, un día llegamos con hambre a la casa, y no habia nada preparado. Y mi hermano tomo un repollo y se lo comió. Mi papa hacia ensaladas con los repollos. Y cuando llegó papi, y preguntó dónde estaba el repollo, mi hermano se echo a correr hacia la malesa y quedo enredado en una mata de espinas, no me acuerdo como se llama, era de esas que las mujeres usaban para hacer unos arreglos que se ponian aqui, (se señaló el pecho) con un pinche, o alfiler, con una flor.” Yo me apresure a decir ‘sí entiendo’ para que no perdiera el hilo de su relato.

“Papi no le iba a pegar, y mi hermano, como no sabía eso, simplemente corrió y quedo todo “guayao” (rasguñado) por la mata (planta) esa de espinas. Se castigó el sólo.” Y comenzó a reir a carcajadas.

“Pero después, mi padre buscó un machete...” ahí, me preocupé un poco, ay que no me cambie la historia felíz a tragedia, pero continuó diciendo; “y lo ayudo a salir del enredo y saco toda la mata de espinas para que ninguno de nosotros nos pudieramos lastimar otra vez. Mi papa era bueno.”

“Ah, y hacía un pan de maíz.” Me dijo con orgullo, pero era como si se acordara de el sabor de ese pan de maíz que hacía mi abuelo.  “Papi preparaba el pan de maíz, luego que estaba lo envolvía y lo ponía en un techo por la ventana de la cocina, encima del zinc hasta el otro día. En la mañana siguiente, lo partía en tres pedazos y nos daba uno a cada uno de mis hermanos y a mí, con una taza de café negro antes de irnos a la escuela.  Pero eso sí, antes de la escuela y a las cuatro de la mañana teníamos que llegar hasta el río a buscar agua y llegar a bañarnos y después de desayunar a la escuela.

Nos llevabamos los zapatos en la mano porque teníamos que cruzar el rio para ir a la escuela, nos enrollabamos los pantalones y despuees de cruzarlo, no los poniamos, sin medias. Ay papi que buen hombre fuiste. ___ Coño este sol ya esta que pica.” Y de un salto se levantó del banquito de madera en el cual estaba sentado, hecho por el mismo y se puso a tapar los hoyos del piso de su marquesina y ahí se detuvo el relato.

Me dió la impresión, de que prefirió terminar el relato en sonrisa, más no en llanto.

Ojalá y mañana, entre en confianza y me deje saber un poquito mas de su vida de un pasado ya lejano.

Relato de Señora Coqueta
® 2014

Monday, August 25, 2014

FELIZ DIA DE LOS PADRES


Serie: Cosas que me hacen subir mi ceja izquierda:


Nos fuimos de shopping las dos hijas de mi esposo, el y yo, en una mañana de un sábado radiante.

Era la víspera del día de los padres, y mi esposo, que es adoración con sus hijas andaba super felíz. Por supuesto, sus dos amores de su alma y el amor de su vida, yo.

Paseamos por el Mayaguez Mall y mientras caminaba vi unas sandalias super lindas en una vitrina que anunciaba ofertas de compre una y llevese la otra a medio precio.

Mi esposo nota que me quede con mis ojitos contentos mirando las sandalias, y siendo él un hombre atento y detallista, me pregunta, “¿Las quieres?"  “Por supuesto” le dije yo como chiquilla entusiasmada.

Decidimos que él se iría con su pequeñita mientras su hija mayor y yo ibamos a ver las sandalias.  Entramos a la tienda, pero se me hacia super difícil comunicarme con Patricia, ya que estaba con su celular pegado a la oreja por horas.

Hablaba susurradamente con Mona, su madre, desde que salimos de Ponce, wow. Pensé que cuando le tocaba el tiempo de visita con su padre, no debiera de ser interrumpido por nadie, pero en realidad, eso es algo para ellos meditar, yo estaba por comprarme unas sandalias.

De verdad que me daba pena, interrumpirla para decirle, “Mira Patricia, que chulas estan estas, ¿te las quieres medir?” Y Patricia sin despegarse su celular de la oreja, me decía que no y se alejaba de mi mientras continuaba en conversaciones susurrantes con su madre.

Encontré las sandalias perfectas para mí, y seguí buscando unas que le pudieran gustar a Patricia, hasta que por fín, me dijo que sí. Y hasta el sol de hoy, creo que lo hizo para que yo no insistiera más.

Compramos las sandalias, y salimos a buscar a mi esposo. Nos re-encontramos, visitamos varias tiendas más y nos fuimos rumbo a la puerta de salida hacia el estacionamiento.

Justo cuando llego allí, mi celular da un sonido de aviso. Busco en mi cartera hasta que lo encuentro, era una notificación de un mensaje de texto, nada más y nada menos que de Patricia.

Mi cara y mis ojos me delataron ante mi esposo que me conoce muy bién. Tuve que haberme puesto bién palidad, con ojos saliendoseme de la cara, y en realidad sentía como si me hubiesen tirando un cubo de agua fría por encima.

“¿Qué pasa mi amor?” Me pregunta mi esposo a lo cual yo no encontraba como decirle que su hija mayor, osea, Patricia me había enviado un mensaje de texto, que decía; “me has quitado el amor de mi padre”.

Justo despues de estar pasando un fin de semana a todo dar, desde el viernes, y pensar que el siguiente día era el día de los padres. 

“Ay es que mira la hora que es y se me olvidó que tenía que llamar a mi hermana para darle unos datos del sistema de música que van a usar los niños de su coro para la presentación del domingo. Le fallé. Pero la llamo tan pronto llegue a casa.” Le respondí a mi esposo con el corazón tan agitado que creía se me iba a salir por la boca.

Mientras nos subiamos a el auto, miré a Patricia a los ojos, y no me sostuvo la mirada. Cambió de hablar por el celular a mensajes de textos a ‘monton por chavo’.

Nos fuimos rumbo a Ponce y nos pusimos a cantar Annie, su pequeña y yo, mientras me disfrutaba la cara de un padre orgulloso y feliz, mi esposo.

Relato en Serie de Señora Coqueta
® 2014

LO TENGO EN LA PALMA DE MI MANO


Serie: Cosas que me hacen subir mi ceja izquierda:


“¿Tía Paulina, cómo está? le preguntaba su sobrina Sofía.  “A pues que bueno que esté bién, es que la llamo porque le tengo una de primera.”

Asi debió de haber comenzado la llamada telefónica entre sobrina y tía momentos antes de que yo llegara a casa de mí suegra.

Como de costumbre nos ibamos cada sábado a el spa,  por unos masajes bién merecidos, las amas de casa lo necesitamos, y más si somos retiradas. Y también a arreglarnos las uñas y los cabellos.

La recogí y emprendimos nuestro viaje a realzar nuestra belleza. En el camino me comenta mi suegra, “Sabes, era Sofía, mi sobrina, la que estaba al teléfono justo cuando tu llegaste.”  Yo en silencio, pendiente a la carretera, porque mira que aquí en Puerto Rico si que manejan autos de un modo tan peculiar.  

Mi suegra luego de una pausa, continúa y me dice; “Me he quedado tan sorprendida por todo lo que escuché sobre Patricia.” Patricia es la hija de dieciocho años de mi esposo de un previo matrimonio.

Aproveché que estaba el semaforo en rojo y le pregunte; “qué te dice su sobrina de ella, está en problemas?” Les confieso que me preocupe un poco, y es que mi esposo ama a sus hijas demasiado.

“No, no, no está en problemas, ella se ha convertido en un problema.  Resulta que Sofía, tu sabes que ella es mí sobrina, la prima de Junior...” En ese espacio le dije; “sí, se quien es Sofía”.  “Pues te cuento”, continúa mi suegra.

“Me dice que estuvo visitandolas en la casa y que Patricia estaba con una rebeldía insoportable. Y lamento tener que decirte, que mi nieta no es lo que aparenta ser, con la carita de yo no fuí.  Estaba alterada diciendo que no iba a permitir que tú le quitaras a su padre.

¿Tú puedes creer una cosa así? Pero qué le pasa a esa niña si mi hijo se lo ha dado todo y aún se lo sigue dando. Junior nunca ha tenido reparos para ella de nada, le pasa manutención, la lleva a pasear, al cine, le hace regalos caros, le paga su plan médico, le tiene celular, que pretende ella, ¿que su papá no sea felíz?

Me da un coraje, tan hipócrita que se ha puesto, los otros días te llamó “madre”, smsh, pero ese comportamiento es aprendido, si su madre, cuando estubo casada con Junior era insoportable y malcriada, con su boca sucia, tan malhablada. A nosotros no salió, definitivamente.

Dijo, que tú eras una presumida, que te creías mejor que nadie solo porque eras muy bonita y parecías modelo, pero que no podías competir con ella porque ella es “daddy’s girl” y que ella tenía a Junior en la palma de su mano. Pero qué es lo que se cree Patricia, ¿que los pichoncitos le pueden tirar a las escopetas?  No que va, que a mi casa no se atreva a llegar con altanerías porque la paro de casco.

Y le preguntó a Sofía, que decía Mona, su madre, al respecto y me dijo que nada, que más bién la apoyaba en todo y hasta se reía.  Mona se atrevió a decir que su hija era primero que tú, sí claro, como ella envía a su hija pequeña a colegio privado gracias a la manutención de Junior, que no es el padre, que le pase dinero el padre. Aaaah, pero cuando ella sin casarse se puso a parir esa niña con otro hombre, ella sí tenía derecho a ser felíz verdad. Pero a Junior que lo parta un rayo.

Cuando estaba de noviecita con su marido, ni se acordaba del santo nombre de Junior, y ahora que lo ve felíz, ahora sí se acuerdan y se aparecen.

Mira, si a mi nunca me visitan, y ahora yo me he dado cuenta que cada vez que ustedes llegan a la casa se aparecen ellas dos.  

Pero deja que llegue por casa, que la voy a parar, es una falta de respeto, pues ella ni te conoce bién. Y tú más buena no has podido ser con ella, con tantas consideraciones, regalos y hasta le tienes una habitacion en tu casa, grrrr es que no soporto a la gente hipócrita e injusta.” Concluyó mi suegra el monólogo, justo cuando me estacioné frente a el edificio del spa.

Ah, me esperaba un rico masaje de una hora, mi manicure, mi pedicure, y una rica mimosa para cuando me estuvieran arreglando el cabello. 

Estaré deslumbrante para mí esposo y nuestra cita de ésta noche. Que viva el amor y las maravillosas nuevas oportunidades de ser felíz.

Relato en Serie de Señora Coqueta
® 2014

LOS LIBRITOS DE VENTAS


Serie: Cosas que me hacen subir mi ceja izquierda:

Estaba visitando en casa de mí suegra esa tarde, y llega Patrícia con su hermanita Aurora y entran por la puerta de la cocina y llegan hasta la sala, en donde estabamos mi esposo, mi suegra y yo.

Patrícia es la hija de mi esposo con su primer matrimonio, tiene dieciocho años. Aurora, tiene nueve es la hija que tuvo su mamá con un marido.

“Oye, saluda”, le dice Patrícia a su hermanita. “Ya tu conoces a papi, y ella es Clarita, la esposa de mi papá, ella es para mí como mi madre, no como, es mí madre.”

La pobrecita Aurora puso una cara de confusión, de que su hernana mayor le dijera que yo era su madre, cuando que la madre de las dos fue la que las trajo hasta allí. Continúo...

Al escuchar sus palabras decir “ella es como mí madre... es mí madre”, se me trancó la garganta. En vez de sentirme alagada, más bién tuve el anuncio de un mal presagio. Es que su boca hablaba de un modo pero su mirada fria, calculadora e incapaz de sostener la mía, decían otras cosas.

Nos dio un beso a todos los presentes. Mi esposo imediatamente y mientras le daba un abrazo prolongado y apretado, el cual la hizo a reir y el ni se diga, super felíz de ver a su niña, le preguntó qué hacía por ahí. 

Patrícia vivía, con su madre y hermana, lejos de la residencia de su abuela y no la acostumbraba a visitar. No era la primera vez que ibamos a ver a mi suegra y ella se aparecía con su madre, ex esposa de mi esposo.

“Ah, es que me acordé que mamá y mi tía querían ver mí libro de ventas y se lo vine a dejar.” Y le extendió unos libros a mi suegra, quien estaba sentada en el sofá que daba para la pared, la cual los tomo en sus manos y le pregunto; “¿Y con quién tu andas?” “Con mami, ella se quedó afuera”.

Yo en silencio, y con una sonrisa amable en mi cara, observaba la interacción de Patrícia con su padre.

Aun de pié, mi esposo y Patrícia, él le pregunta que cómo estaba y como iba en los estudios a lo cual ella le contesto; “bién”.

Luego dijo; “Me tengo que ir porque mami esta afuera y el auto no tiene aire y se va a achicharrar de la calor.” y solto una carcajada.

Volvió a darnos un beso a todos y Aurora también y se marcharon.

Mi suegra y yo intercambiamos miradas mientras mi esposo despedía a Patrícia y a su hermana en la puerta.

Relato en Serie de Señora Coqueta
® 2014