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Yo soy tu consuelo
Envuelta entre sábanas de seda, y sueños placenteros. Justo en ese momentum en donde estás y no estás en el mundo real, no sabes si duermes o estas despierta, solo sabes que estás y se siente bién rico.
Con una sonrisa en el rostro, con movimientos suaves que acarician la seda mientras mi cuerpo se amolda en esa posición precisa, la que me hace sentir más a gusto. Con toda la satisfacción de haber vivido un día más; ilesa.
Un sonido sensual provoca mi oido en medio de mi habitación que no está del todo oscura. Va penetrando poco a poco mis sentidos subreales, ese sonido sensual. Mis movimientos dejan de ser suaves y lentos, para ir al acorde del sonido sensual que ya comienza a llegarme a los recuerdos hasta lograr abrir mis ojos.
Desorbitantes, sorprendidos, incredulos debieron de ser las diferentes formas que adquirieron mis ojos en el medio de la tenue luz de mi habitación, mientras el corazón palpitaba exitante tratando de decifrar mis sentimientos.
Lo que sentí alguna vez, lo que ahora siento, o lo que ya dejé de sentir, eran los argumentantes pensamientos mientras mis labios, ignoraron todos mis rasocinios emocionales y pronunciaron tu nombre, justo en medio de todo el panorama, suave luz, sonido sensual, seda de cama, como si fuera un sello de aprovación al final de una inspección analítica.
Incredula de no haber podido dominar mis labios, de no haber podido dominar la caravana de recuerdos, estiré mi brazo enredado en las sábanas de seda y te tomé en mi mano y puse presión hasta escuchar tu voz; “¿hey cómo estás?”
Creo estar despierta, consiente, pero lista para decir con toda seguridad, estoy súper bién, y lo dije mientras mi cuerpo iba calmando todas las sensaciones vividas del momento.
Hubo silencio, no sabías que decir, y yo no tenía nada que decirte. No necesitaba tus explicaciones, o tus razones, solo me ha bastado siempre tener las mías, mis herramientas de abrir caminos. “¿Cómo has estado?” una risita leve con un, bién, fue mi respueta.
Miro al gigante reloj de la pared y veo que son las tres de la mañana, y me pregunto, a la hora que le da con hacerme este tipo de preguntas, en éste justo momento. Tú titubeabas, sabías que no tenías escudo para enfrentar todas esas posibilidades que podrían salir de mí, pero no te tiré con nada, porque ya no importa, al menos yo quedé satisfecha.
Entre titubeos y mentiras diste varias razones para excusar tu proceder, desde aquél día, hasta esta madrugada, no te creí nada, pero sí te admiro, por haber tenido el valor de confrontar tu soledad y matarla con el simple hecho de haberte acercado a mí.
Fuí testigo de como mágicamente te ibas enredando en tu propia red de palabras combinado con el alcohol de tu lengua; tan enredado como yo entre sábanas de seda roja que acariciaban toda mi piel. Solo puedo imaginar tu esfuerzo de poder poner en marcha reversiva el tiempo para llegar justo ahí, en el momento en que ardías de pasión y te consumian los desos de mí.
“Porqué no puedo tenerte cuando quiero, porqué...” tus interrogantes. Sabes, te dije con mi suave voz, relajada, prudente y real, no es lo mismo vivir a la distancia, que poner distancia entre dos. Pusiste mucha distancia entre los dos y las pasiones, la exitación y el deseo como fuego encendido se fueron apagando, en mí, para contigo. “Te entiendo” dijiste en el tono más derrotista que jamás halla escuchado de tí. Más que entenderme, te debieras de entender a tí mismo, ¿para qué tanto volar si regresas al mismo nido?
“¿Quieres que sigamos hablando?”, me dijiste sin saber de que más hablar. Te propuse que si querías hablarme, lo podías hacer más tarde en el día, porque ahora, mi cuerpo deseaba descansar. Se que mi propuesta fue un oasis para tí en medio del desierto ya que estabas al desnudo, bajo el fuego del sol, sin bloqueador, sin más palabras que compartir.
Mi mano lentamente te dejó de sujetar, y te devolví a la mesita de noche, mientras se hizo un nuevo recuerdo del sonido sensual de tu “ring tone”, y tu voz despidiendose con un “sweet dreams”.

Mi cuerpo lentamente, poco a poco, comenzó una vez más a dar sus suaves movimientos sintiendo la frescura de la seda en mi piel y buscando esa posición que más me gusta a la hora de dormir, sin tí.
Por Coqueta
